Pago del Mare Nostrum
Vinos de altura, esencia indomable
En las faldas del Parque Natural de Sierra Nevada, donde la altitud supera los 1.500 metros y el paisaje se vuelve indómito, nace Pago del Mare Nostrum, el proyecto más extremo de Pago del Vicario. Este enclave desafía los límites de la viticultura convencional, ofreciendo una experiencia única tanto para la vid como para quien descorcha sus vinos.
La finca combina naturaleza y cultivo: 25 hectáreas de árboles frutales (almendros, cerezos, nogales) y 28 hectáreas de monte pobladas de pinos crean un entorno de biodiversidad que enriquece el carácter del viñedo. El suelo, de textura franco-arcillosa, está cubierto de piedra filita morada (launa), lo que aporta una mineralidad singular a las uvas. Son terrenos pobres, básicos, escasamente fértiles y, precisamente por ello, perfectos para producir vinos intensos, complejos y con una personalidad marcada.
Un clima que moldea el carácter
La altitud extrema y la proximidad a Sierra Nevada definen un clima riguroso: veranos templados (con noches de 15ºC y mediodías de hasta 30ºC) e inviernos fríos, con mínimas que alcanzan los -6ºC y frecuentes nevadas. En los años fríos, el manto blanco puede permanecer durante más de dos meses. Esta climatología tan singular permite una maduración lenta y pausada de la uva, favoreciendo el desarrollo de aromas complejos, buena acidez y gran equilibrio.
La cosecha media ronda los 5.000 kilos por hectárea en unos viñedos con 15 años de edad media, lo que asegura producciones limitadas y un cuidado constante. Cada vendimia es un ejercicio de paciencia, observación y adaptación.
Una viticultura desafiante
Cultivar en altitud no es solo una decisión técnica: es una declaración de principios. En Mare Nostrum, apostamos por vinos que hablen del lugar, del esfuerzo y del tiempo. Cada sorbo cuenta la historia de un paisaje duro, bello y salvaje.
Pago del Mare Nostrum representa la versión más valiente de nuestra bodega: vinos nacidos del esfuerzo, criados en altitud, con la mineralidad del suelo en su estructura y el frescor de la montaña en su alma.